Bichos, alienígenas y mundos extraños (II)

“La familia Stuart tiene un animal doméstico llamado Lummox, traído por un antepasado explorador galáctico. Pero Lummox crece para convertirse en una especie de diplodocus de ocho patas, de apetito insaciable, deslenguado y burlón, físicamente indestructible y prácticamente eterno. Por si esto fuese poco problema, Lummox resulta ser además… pero es mejor que el lector lo descubra por si mismo…”

Lummox es el protagonista de La bestia estelar, de Robert A. Heinlein.

“Los protagonistas principales de la obra son John Thomas Stuart XI y su mascota, el alienígena de ocho patas, tres ojos, dos cerebros y el tamaño de un mastodonte, Lummox. Tras una existencia pacífica que se remonta a tres generaciones de John Thomas (desde que el abuelo del actual recogió a un simpático animalito durante el transcurso de una misión espacial pionera), la bestia grandullona (pero con muy buen carácter) se mete en graves problemas a raíz de una escapadita para merendarse las rosas de la vecina que acaba desencadenando un impremeditado caos en la cercana población de Westville. Denunciada por particulares y autoridades municipales, Lummox se encuentra de pronto para congoja de su joven propietario en peligro de ser sacrificada por su potencial peligrosidad, sin que los capitostes del Departamento de Asuntos Espaciales parezcan tomarse demasiado interés en amnistiarla.

Hasta cierto punto es comprensible. Sergei Greenberg y su jefe, Henry Kiku, tienen problemas más graves. Una astronave perteneciente a una hasta el momento desconocida especie, los Hroshii, acaba de situarse en órbita de la Tierra (capital de una gran federación de sistemas solares), reclamando la devolución de una de su pueblo, presuntamente raptada por terrestres. Lo peor es que el tradcutor medusiano deja caer, como quien no quiere la cosa, que esa simple nave podría disponer de suficiente capacidad destructiva para aniquilar a la especie humana de no atender a sus demandas (sí, da toda la impresión de que los guionistas de “Men in Black” guardaban buenos recuerdos de sus lecturas de infancia).

En esencia, La bestia estelar constituye una hiperbólica fantasía de niño-con-mascota (aunque, con diecisiete años, John Thomas ya está un poco talludito para el papel). Lummox es a ese respecto la mascota definitiva. ¿Qué mejor que un dinosaurio indestructible, pavoroso para los desconocidos pero dócil y obediente, que además es capaz de hablar (al nivel de un niño de cuatro años)? Asumiendo el auténtico protagonismo de la novela, sus literales procesos mentales, así como la despreocupación que le otorga su superioridad física lo conducen al panteón de los alienígenas memorables (y el doctor Ftaeml, el mediador medusiano, no le va demasiado a la zaga).” (rescepto indablog)

Se puede leer la novela  aquí

Que disfruten la lectura.

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