La variedad que desafió su destino

Bonarda y un buen libro…

Pisó suelo argentino en la segunda mitad del siglo XIX, y empezó a caminar con el pie derecho. La Bonarda se sintió muy cómoda con la calidez del clima mendocino, y desde el primer minuto expresó esa comodidad produciendo racimos vigorosamente. En una época donde se consumía tres veces más vino que en la actualidad ese entusiasmo productivo, fue recibido con mucha expectativa. Trabajada con el principal objetivo de elaborar vino a granel, generalmente actuando como “uva de corte”, la Bonarda fue haciéndose cada vez más popular hasta escalar peldaños en la pirámide vínica hasta quedar en segundo lugar como cepa con mayor cantidad de hectáreas sembradas después de la Malbec.

¿Que ofrecía que gustaba tanto? los viñateros coincidían en su gran capacidad de producción (rendimientos promedio de 100qq/por hectárea), su notable adaptabilidad a nuestros climas y suelos (su plasticidad); y el talento natural para aportar color a los…

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